Esther Lasheras y Queco Catalán, dos profesionales del padel, juntos en una aventura ilusionante y sobre todo unidos por el amor. El uno por el otro y los dos por un deporte que les ha marcado durante toda su vida.

Hace más o menos un año se trasladaron a Catar desde tierras francesas donde desempeñaban su labor como managers de padel en la academia de tenis Mouratoglou, emprendiendo una aventura en un país con una cultura con muchas diferencias con respecto a España y un clima con temperaturas tan altas, que en ocasiones dificulta la práctica del padel. El proyecto y las condiciones que les plantearon, acabaron por animarles a emprender esta aventura.

 

 

Aterrizaron en Catar el 1 de Julio, justo cuando más aprieta el calor, con temperaturas por el día que rondan los 48 grados y por la noche que no bajan de 35, y una humedad superior al 60%, muchos días del 80%. Las primeras semanas fueron de adaptación y curiosidad por un país diferente. El hecho de que el fin de semana sea viernes y sábado descoloca un poco en el día a día y cuesta acostumbrarse. Otra cosa que llama la atención es la llamada al rezo desde las mezquitas 4 ó 5 veces al día cada día. Estás jugando o dando clase y al principio resulta curioso. Luego te acostumbras, con normalidad.

El padel ha llegado a Catar para quedarse. Las primeras pistas se instalaron allí en julio de 2017, por lo que lleva apenas año y medio. A día de hoy en Catar hay 15 pistas, y el número de practicantes no ha dejado de crecer. Sí que es verdad que en los últimos 3 meses se ha pasado de 5 pistas, que son las que había a su llegada, a 15, y el número de jugadores obviamente no se ha triplicado, pero va a más sin duda. Ahora es momento de asentar el deporte.

 

  

La buena noticia es que cerca del 80% de los jugadores son locales,  un dato importante para medir lo que ha calado el deporte en los cataríes. Aparte de ellos, hay españoles, argentinos, portugueses, franceses, ingleses, tunecinos… aficionados de muchas nacionalidades que en sus países no conocían el deporte como por ejemplo un grupo de jordanos.

Su día a día es un poco “caótico”. Trabajan en 5 clubes diferentes, 4 de ellos son de 2 pistas.  Uno de estos 4 está en Al Wakrah, la segunda ciudad de Catar, a 15-20 minutos de Doha, que es donde están los otros 4 clubes. El club que sólo tiene una pista es exclusivo para las mujeres, para que puedan jugar y dar clases con total privacidad, ya que las mujeres cataríes no se quitan la abaya delante de los hombres, y ahí pueden hacerlo porque el acceso a los hombres no está permitido. Ahí es donde suele dar clase Esther a las mujeres cataríes. Las españolas pueden dar clase en cualquier club. Esther y Queco gestionan toda la actividad en estos clubes. Desde el personal, suministros, torneos, ligas, clases, actividades y la gestión de social media. Y por supuesto siempre están con el teléfono operativo para intentar resolver cualquier incidencia.

   

 

Además de clases, organizan una liga, torneos amistosos, y han reformulado un concepto que se inició el año pasado, y que está teniendo mucho éxito, que es el Qatar Padel Tour. Hacía falta un circuito serio y que diera un ranking del país a los jugadores, y eso es lo que están haciendo, con el apoyo de Audi Qatar como patrocinador oficial y principal. También han creado un equipo nacional al que entrenan, que a finales de marzo competirán en Japón en un torneo asiático por naciones, al que van países como India y Australia, además del anfitrión Japón, y un torneo FIP.

 

  

 

Su visión sobre el futuro del padel en Catar es optimista. De momento las perspectivas son buenas, no en vano es un país que ha apostado muy fuerte por el deporte: ha organizado y está organizando varios mundiales, entre ellos el de fútbol 2022, y tiene uno de los centros deportivos de alto rendimiento más importantes e impresionantes del mundo, Aspire (que cuenta con el campo de fútbol 11 indoor más grande del mundo), así como una clínica deportiva puntera, Aspetar. Ellos basan su estrategia interna en el deporte, la educación y la salud, así que las perspectivas para el deporte en general son muy buenas.

En principio no tienen una fecha estimada para el final de este proyecto. Irán viendo si todas las partes implicadas están satisfechas y las cosas funcionan tal y como se espera. Para ellos esto es un reto y lo toman como una experiencia muy positiva estén el tiempo que estén. Van cargando la mochila de experiencias que les enriquecen y conociendo gente y costumbres que nunca hubieran imaginado. Aprender a adaptarse a todo con rapidez y a trabajar en un entorno que no es conocido,  tiene mucho valor para ellos. Es algo que te hace crecer y te convierte en una persona más fuerte.

A pesar de tratarse de una cultura muy diferente, es un país muy abierto a Occidente. En España muchos piensan que Esther debe ir tapada o que no puede jugar en falda y camiseta de tirantes pero nada más lejos de la realidad. Incluso le animan a que juegue las pruebas del Qatar Padel Tour, que de momento se disputa sólo en categoría masculina. Son muy abiertos con los occidentales y de hecho viajan mucho a Europa y Estados Unidos.

 

           

 

Y por si esto fuese poco, siguen adelante con el proyecto de Work in Padel a pesar de contar con poco tiempo para invertir en otra actividad. Su deseo es ayudar a los profesionales que trabajan en torno al padel a encontrar trabajo, y a las empresas del sector a encontrar profesionales cualificados.

Por último, ambos destacan el esfuerzo, visión y voluntad de Abdulaziz Alkuwari y Xavi Pedrero por traer el padel a Catar. Ellos han sido los artífices de que los cataríes conocieran el padel. Los comienzos en otros países son muy difíciles y hay que hacer una labor de promoción muy grande y  tomar riesgos que no todo el mundo está dispuesto a asumir, y hace año y medio apostaron por ello, con la ayuda en la gestión de Víctor Sánchez Cubillo, que fue el encargado de gestionar las pistas el primer año de vida del padel en Catar.

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